Coral
Ariel de la Vega - Mirco Marcacci - Martín Palottini

“Coral”, alude metafóricamente a un canto, en este caso, un canto visual, que presentan Mirco Marcacci, Martín Palottini y Ariel de la Vega. Dibujos y pinturas proponen al espectador adentrarse en territorios conformados por fuertes identidades y poéticas visuales que se alinean en pos de construir armonías.

En el caso de Martín Palottini, su obra tiene la particularidad de presentar un constante juego de contrastes desde lo formal: los valores destacan su presencia en forma contundente, el color está casi ausente pero cuando aparece, se transforma en un plano denso que equilibra la línea, no hay papel que no introduzca la tan incómoda presencia del espacio en blanco y la figuración explícita es tan importante como la figuración que se insinúa. La obra se cuestiona a sí misma sobre las relaciones formales que la componen e incorpora al espectador a indagar en esa reflexión donde no se propone hacer un relato convencional, contar una historia de manera tradicional donde todos los conceptos cierren, sino entrar en un terreno de debate para el propio artista, dejando que sean los elementos compositivos los que establezcan los ritmos. El espectador elegirá con qué parte de la obra quiere conectarse: podrá ver en ella un trabajo técnico destacable y hacer “oídos sordos” a los ruidos que salen a su encuentro, o podrá elegir el camino más comprometido que tiene que ver con indagar en esas zonas silenciosas, las que presentan dudas y donde no todo está dicho. (María Carolina Baulo)

Para Mirco Marcacci, son de interés, los infinitos fragmentos del hombre. En sus obras, las líneas ofician de conectoras separando y reuniendo a cada individuo en un mundo propio, el mundo que lo hospeda. Mirco se concentra en las posibles transcripciones de aquellas conexiones entre el cuerpo y aquello que interpretamos terminológicamente como alma. Emociones, sentimientos, niveles de consciencia se integran a las líneas que definen la carne. En sus figuras, en perenne movimiento espiritual, cada elemento está presente en sí mismo, y sin embargo tendido constantemente hacia otro. (Carlo Vignapiano)

Ariel de la Vega propone con sus obra una atracción punzante de puros interrogantes, espacios cargados de vacíos latentes, líneas que se desplazan impolutas de dictámenes formales artífices de constelaciones infinitas. Reminiscencias a viejas culturas, mitologías, signos absolutos, figuras que irrumpen sutilmente los espacios fijando relaciones ocultas y sonoridades disfrazadas de tonalidades ilimitadas. Dos recursos pueden ordenar el análisis de la obra –el vacío y el tiempo-, que como vehículos del discurso o como premisa mentirosa, el artista se sirve de ellos para instaurar una nueva relación de significación, una aparente respuesta a la problemática existencial del ser. Así, aventurándose sobre los límites de la propia representación y predisponiendo de los enlaces que se establecen entre las manifestaciones reales y aparentes, Ariel se vale de su fuente y como artífice de su propio lenguaje nos ofrenda un microcosmos en mutación constante. (Luciana Martínez Bértoli)